Desde Calcetines de Fibra De Cobre Hasta Cable De Fibra Óptica, la Innovación e Improvisación Hicieron que el Tiempo Sea Más Soportable Para 33 Chilenos
Por Matthew Moffet para WSJ
MINA SAN JOSÉ, Chile – Los 33 mineros chilenos que estuvieron atrapados bajo tierra durante ocho semanas veían películas en un proyector incorporado a un teléfono celular. Evitaban el pie de atleta y otras infecciones gracias a calcetines hechos con una fibra de cobre que mata bacterias. Y se comunicaban con sus parientes y rescatistas a través de un cable de fibra óptica ultra flexible que mantenía la capacidad de transmisión aún estando retorcido en la dura roca más de medio kilómetro bajo tierra.
La aplicación inteligente de la tecnología disponible hizo que la vida bajo tierra sea más tolerable para los mineros, que estuvieron enterrados bajo 670 metros de roca y tierra desde que se produjo un derrumbe en Agosto 5. Los rescatistas utilizaron tres taladros distintos para perforar pozos hasta alcanzar a los hombres atrapados; uno de los taladros llegó hasta ellos antes del tiempo programado en Noviembre.
Los rescatistas atendieron las necesidades de los mineros desplegando una selección de equipo minero improvisado, equipos de micro electrónica y artilugios muy nuevos producto del sueño de ingenieros, científicos y submarinistas chilenos.
“Mucha gente prestó su ayuda, y muchas de esas ideas fueron muy buenas”, dijo Jaime Manalich, Ministro de Salud de Chile, que estuvo a cargo del cuidado de los mineros.
Tal vez el artefacto más ingenioso desarrollado por los rescatistas es la paloma –como las palomas mensajeras- un cilindro hueco de 1.5 metros que trabajaba como tubo neumático. Los rescatistas llenaban la paloma con provisiones, luego la bajaban por medio de una polea a través de un orificio de un poco más de un metro de diámetro hasta el refugio de los mineros.
Alrededor de 40 palomas bajaban diariamente a la mina, llevando alimentos y otros artículos esenciales –y volvían con cartas y ropa sucia de los mineros.
Aún cuando la paloma fue construida en el sitio, el proceso de re-abastecimiento “funcionaba como lo han venido haciendo durante años”, dijo Clinton H. Cragg, ingeniero principal del Centro de Ingeniería y Seguridad de la NASA, quien visitó la Mina San José por invitación del gobierno chileno.
La paloma fue lo suficientemente grande como para llevar algunos equipos electrónicos diminutos a los mineros. Alexis Ibarra, quien escribe sobre tecnología para el periódico santiaguino El Mercurio, visitó la mina en Agosto llevando una cornucopia de diminutos artilugios donados por compañías de tecnología conmovidas por la dura situación de los mineros. Entre los productos estaban tres diminutos proyectores, que permitieron que los mineros vean películas o videos de sus seres queridos, incluyendo un teléfono celular Samsug i7410, que tiene un proyector incorporado.
“Nunca imaginé que tal cosa existiera siquiera” dijo maravillado el Sr. Manalich, el Ministro de Salud.
Ibarra llevó también parlantes Divoom Technology iTour-70, que tienen casi 20 centímetros de largo y menos de 5 centímetros de ancho.
Adicionalmente, envió a los mineros un diminuto transductor de energía DC-AC, que convierte la energía de una batería de auto a energía alterna de 220 voltios. Les fue muy útil a los mineros hasta que más tarde tuvieron una conexión eléctrica.
El equipo de rescate no permitía cualquier artefacto dentro de la mina. Roberto Iturra, el psicólogo en jefe del rescate, prohibió los iPods porque estos hubieran aislado a los mineros entre si, en vez de integrarlos como equipo. Dijo también que los iPods podían afectar el estado de alerta de los mineros en caso de una emergencia en el refugio.
La tecnología ayudó también con otro gran desafío: la higiene. Cuando los mineros fueron encontrados por rescatistas luego de 17 días de estar en una húmeda cámara subterránea, muchos de ellos tenían hongos.
Al inicio, antes de que los rescatistas pudieran hacer llegar agua a través de otro estrecho pozo a la cámara donde se encontraban los mineros, se les envió shampoo seco y toallas de mano empapadas de jabón, que les permitieron bañarse sin necesidad de agua. Los mineros también han sido provistos de calcetines hechos con fibra de cobre que atacan las bacterias, eliminando así tanto el olor como la infección. “Los productos en sí son auto-esterlizables”, dijo Jeffrey Gabbay, fundador de la compañía que produce los calcetinas, Cupron Inc. de Richmond, Virginia, que tiene una línea de vestimenta a base de cobre destinada principalmente al uso médico. “Los malos olores son causados por toxinas emitidas por las bacterias, y si uno se auto-esteriliza entonces no hay olor” y tampoco riesgos de infecciones, dijo.
Según los rescatistas una de las contribuciones más significativas para elevar la moral de los mineros fue la instalación de un enlace de comunicaciones por fibra óptica.
A pesar de no estar familiarizados con la fibra óptica, los mineros se las ingeniaron para conectar las líneas al equipo de videoconferencia aún más rápido que los técnicos que estaba arriba, dijo Luis Felipe Mujica, jefe de desarrollo tecnológico de Micono, un joint venture entre la compañía nacional de cobre de Chile, y la japonesa Nippon Telegraph & Telephone Corp.
Los rescatistas dicen que nunca pararon de resolver problemas. “Cada mañana había un nuevo problema y la solución debía ser inventada ahí mismo” dijo Alejandro Pino, un experto en seguridad laboral que fue parte del equipo de rescate.
El recuerda cómo los especialistas en comunicación tuvieron que trabajar rápido para conectar un enlace telefónico cuando uno de los mineros tuvo que hablar con uno de sus hijos en el sur de Chile, quien estaba en medio de una emergencia.
Pero los hombres contaban los días hasta que pudieran usar unos de los equipos más elaborados fabricado por el gobierno, una cápsula de rescate llamada Fénix, en la cual los mineros llegaron a la superficie. La cápsula tiene 3 metros de alto, pesa más de 408 kgs y está equipada con una provisión de oxígeno y un sistema de comunicación. Fue diseñada y construida por la marina chilena.
La NASA proporcionó algunos de los detalles de diseño. “Están rebasando algunos límites”, dijo el Sr. Cragg de la NASA, antiguo capitán de submarinos de la armada norteamericana. “Si hubieran podido comprar una cápsula de rescate como esa, estoy seguro que lo hubieran hecho. Pero no existen, así que la tuvieron que hacer de la nada”.
Email a Matt Moffet en matthew.moffet@wsj.com
Traducido sin autorización del original en Inglés publicado en el Wall Street Journal. Artículo original