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marzo 22, 2009

Tempestad y pilares

Pablo Lucio Paredes

Hay una interpretación errónea y ampliamente repetida: la dolarización se ha mantenido gracias a los altos precios del petróleo y las remesas. La interpretación correcta es en realidad: si hubiéramos tenido menos recursos financieros, igual la dolarización se hubiera mantenido, simplemente los niveles de gasto, producción y empleo hubieran sido menores. En consecuencia, usted se preguntará con razón: ¿por qué entonces la caída del petróleo y las remesas ponen en riesgo a la dolarización? Esto es un tema diferente, y la respuesta es: porque (por la indisciplina nacional acentuada en este Gobierno y en las leyes aprobadas en Montecristi) le acostumbramos al país a vivir con un nivel de gasto demasiado alto como si esos ingresos excepcionales fueran a durar eternamente, y el tener que volver a una realidad menos “regalona” tiene un impacto en el conjunto del sistema económico y social, y en consecuencia sobre los mecanismos como la dolarización. En resumen: la dolarización no requiere de tantos dólares para mantenerse, pero sí se ve afectada cuando hay excepcionalmente demasiados dólares y luego se vuelve a la normalidad más modesta.

Los dólares son simplemente los medios que se utilizan en un sistema dolarizado, los verdaderos pilares de la dolarización son mucho más importantes:

a) La disciplina y sensatez fiscal para no generar los ciclos que estamos viendo: se gasta mucho en épocas de vacas gordas y hay que contraer cuando la situación cambia.

b) Mercados laborales flexibles, no porque eso implica, como algunos creen, más despidos de la gente, sino porque permite adaptar la oferta a la demanda de mejor manera (para los que creen en rigidez laboral, vean como el desempleo ha aumentado en estos últimos meses).

c) Flexibilidad en el mercado financiero para que las tasas de interés permitan el equilibrio entre el ahorro y el crédito. Y si se pudiera tener una banca integrada al mundo, mejor (pero casi nadie lo apoya).

d) Tener puertas abiertas con el mundo para los flujos comerciales, financieros y crediticios.

e) Estar conscientes de que la dolarización tiene un enorme componente social porque ya no se pueden hacer transferencias ocultas (vía inflación y devaluación) de los que menos tienen hacia los demás. Y un gran componente productivo: nos obliga a trabajar en productividad y no solo en ganancias financieras.

Obviamente, como en el Ecuador hemos debilitado esos pilares (o no los hemos fortalecido) la tormenta que representa la caída de los precios del petróleo, de las remesas y otros puede poner en riesgo a la dolarización y al mismo tiempo al conjunto de la estructura socioeconómica del país (… y si no estuvieron dolarizados, y hubiéramos igualmente incrementado nuestra indisciplina, también recibiríamos “un palazo”). Por eso, ante la tormenta (menos dólares) que ya nos golpea, tenemos tres posibilidades: o apuntalamos desde ahora los pilares, o lo hacemos después de las elecciones lo que puede ser (tal vez) demasiado tarde, o simplemente tratamos de pasar la tormenta con pilares muy, muy débiles … ahí solo funcionará el “sálvese quien pueda”. La suerte nos puede ayudar, pero no es la mejor consejera.

Fuente: El Universo

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