Disculpen por no poner material propio en éstas semanas y meses. Las razones son variadas, entre ellas la más importante tal vez es que en éstas épocas de crisis hay que volcarse al trabajo. Durante el día no tengo tiempo más que para trabajar y en los ratos fuera del trabajo no quiero ni ver un computador.
Pero sí creo que es importante mantener la voz de oposición y abrir un espacio para gente que tal vez no tenga acceso al material editorial que reproduzco, o que si los tiene, al menos aquí tengan un sitio donde opinar sobre los mismos.
No hacerles el juego
Emilio Palacio
La izquierda ecuatoriana arrastra consigo un defecto de nacimiento del que no solo no desea curarse sino que lo exhibe orgullosa, como si fuese una virtud. Me refiero a que nunca tuvo vocación de poder.
Por supuesto que sus diferentes expresiones intentan aquí y allá alzarse con alguna diputación o concejalía, o cualquier otra forma de poder local, pero lo que se dice llegar al Gobierno, ni siquiera lo intentaron.
Ocupados en “preparar” la revolución popular que llegará algún día en un futuro lejano, muy lejano, se han contentado en cada coyuntura con apoyar al primer caudillo que apareció por la esquina, sea este civil o militar. Una lista incompleta incluiría a Alberto Enríquez Gallo, José María Velasco Ibarra, Carlos Guevara Moreno, Carlos Julio Arosemena, el general Guillermo Rodríguez Lara, Rodrigo Borja, Abdalá Bucaram (recuerden que Gustavo Larrea fue subsecretario del PRE), Lucio Gutiérrez y ahora a Rafael Correa Delgado.
¿Cómo se explica semejante espectáculo de una tendencia política que se niega a alcanzar la mayor meta política que es el poder? Muy sencillo, por la teoría de “no hacerles el juego” a los demás. Había que apoyar a Velasco para no hacerles el juego a los militares fascistas. Había que apoyar al dictador Rodríguez Lara para no hacerle el juego a León Febres-Cordero. Había que apoyar a Bucaram para no hacerle el juego a Nebot. Había que apoyar a Lucio para no hacerle el juego a Álvaro Noboa. Y ahora hay que apoyar a Correa para no hacerles el juego a los banqueros y la prensa corrupta.
Siempre actuaron así, arrastrándose a la cola de otro con el argumento de que “es el mal menor” y la “contradicción principal” es con la oligarquía, con el imperialismo o con la derecha, y no con los caudillos de cualquier signo, que están allí para la demagogia, la traición y el engaño.
Quizás esto se deba a que los trabajadores asalariados, los campesinos y los indígenas, que constituyen la base social de la izquierda, no han sabido desembarazarse de su propia inseguridad; y quizás esos sentimientos, propios de un pueblo humillado y vilipendiado, se hayan transmitido a sus dirigentes. Al menos a mí no se me ocurre otra explicación.
Todas estas reflexiones vinieron a mi mente el otro día, cuando escuché a Martha Roldós asegurar que Correa sería “el último traidor”. Pues no es cierto. La izquierda seguirá haciendo el mismo papel de comparsa, de compañera de baile o de monaguillo, porque no cree en su propio programa y propuestas. A lo único que aspira es a las migajas que caen de la mesa de otro.
Luego llega, por supuesto, el momento de la decepción. Pero entonces el ridículo llega al extremo, porque solo algunos, como Martha Roldós o Mónica Chuji (mujeres, al fin y al cabo) tienen la valentía de reconocer su error. Los demás, la mayoría, siguen dudando, temerosos de “hacerle el juego” a otro. Delante suyo tienen a un caudillo que se ríe de ellos mismos y los utiliza; a un gobierno empañado por la corrupción e infiltrado por el narcotráfico, y aun así siguen aferrados a la basta de su pantalón.
Así que en las próximas elecciones volverán a lo mismo. Para no hacerle el juego a la derecha, les harán el juego… a María de los Ángeles Duarte y a Pierina Correa. ¡Por Dios, al menos Enríquez Gallo promulgó el Código del Trabajo y Abdalá Bucaram nos hacía reír!
Tomado de: El Universo

