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septiembre 19, 2008

Ecuador: se evalúan ocho años de dolarización

Yo recuerdo perfectamente la época en que éramos “altivos i soberanos” no sometidos al imperio y manejábamos moneda propia: la inflación era imparable, provocada más que nada por la enfermedad presidenciall de imprimir billetes (emitir moneda) de manera inorgánica (sin ningún respaldo) para cumplir con sus ofrecimientos demagógicos. Todos éramos millonarios, eso sí. La mayoría ganaba millones de sucres, y gastaba millones de sucres también. En la peor parte de la crisis, los precios subían en cuestión de horas. Nosotros los asalariados, recibíamos sueldos en sucres, pero pagábamos todo en dólares. Personalmente, recuerdo que el arriendo de nuestro departamento (un departamento de clase media de matrimonio que recién comienza, nada lujoso) era en dólares, la letra de nuestro Fiat Uno de segunda mano, la pagábamos en dólares, la financiación a 12 meses de la computadora que compramos para la casa la pagábamos en dólares (y recuerdo que esa letra era de 82 dólares mensuales por una IBM Aptiva, en el año 97), pero ganabamos en sucres. Esto sucedía porque NADIE tenía confianza en los manejos económicos de los gobiernos que hemos tenido, que se preocupaban más de salvar el pellejo que de hacer políticas de desarrollo de largo plazo.

Tengo clarísima una imagen en especial: era un día del año 1998 o 1999; era quincena y me acababan de pagar mi sueldo. El dólar subía a cada rato, totalmente inestable. Apenas se acreditó mi sueldo en la CUENTA DE FILANBANCO, salí corriendo a la pequeña agencia que teníamos en la empresa. La cola era muy larga, todos queríamos cambiar nuestro sueldo a dólares, inmediatamente. En la pequeña agencia había un pequeñísimo panel donde ponían la cotización del dólar. Cuando comencé la cola, la cotización del dólar era de 11000 sucres por cada dólar, para cuando llegué a la ventanilla, alrededor de 40 minutos después, la cotización había subido a 18000 sucres por dólar. En esos 40 minutos, mi vida se había encarecido en un 63%, y por lo tanto, el poder adquisitivo de mi sueldo había disminuido también en un 63%.

En esa época trabajaba en una compañía que fabricaba y vendía productos de consumo masivo. Todas las materias primas, todas, al ser importadas, debían ser compradas en dólares. Los cálculos de precios por lo tanto, se hacían haciendo la mejor previsión posible (adivinando) cuál era la cotización de dólar que iba a regir. En esas épocas de incertidumbres, no era raro emitir hasta dos listas de precios por semana, y en las épocas de mayor crisis, éstas variaban en cuestión de horas. En el punto más álgido de la crisis monetaria y económica que vivimos (con una inflación del 100% y una devaluación del ¡400%!), recuerdo que a los directivos de la empresa no les quedó más que calcular costos con dólar de 50 000 sucres (sí, cincuenta mil sucres por cada dólar). O tomaban esa medida o la compañía simplemente se iba a la quiebra, y con ella, la pérdida de trabajo de más de 10 000 personas que trabajábamos directa o indirectamente para ella.

Todo eso cambió gracias a la dolarización, el que diga lo contrario o no sabe de economía o simplemente no vivió esas épocas horribles. El efecto fue inmediato: los precios se estabilizaron, la inflación bajó a niveles de un dígito y muy por debajo del 5%. Era posible comprar cosas a largo plazo (electrodomésticos, carros, y sobre todo y más importante, se reactivaron los créditos hipotecarios, y con ellos la construcción de viviendas que genera muchísimo trabajo); era posible manejar la economía familiar, hacer algún ahorro y hacer previsiones de largo plazo. Desde el punto de vista de la industria, se acabaron los sobresaltos, los precios de las materias primas ya no cambian a cada rato, y por ende la economía de una industria y de un negocio es muchísimo más manejable y saludable.

Hoy en día, unos cuantos iluminados del gobierno quieren que el Ecuador “vuelva a ser soberano y solidario” y que vuelva a tener o una moneda local, o lo que es igual de malo, una moneda “regional”. Por eso también voto NO, la soberanía de un pueblo no radica en la posesión de una moneda propia, sino en la dignidad de la gente, que puede confiar que su dinero no será salvajemente devaluado a voluntad de políticos.

Vean éstas dos perlas:
I. Evaluación de ocho años de dolarización en Ecuador

II. Futuro de la dolarización en el gobierno de las limosnas

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