Los defensores del calentamiento global, suelen basarse en verdades científicas a medias y señalar lo que a su criterio “debe hacerse” desde la comodidad de una ONG o de una oficina (o, más estúpido aún, a través de un político hablando sobre ello en un documental). La locura por la producción de biocombustibles para “mitigar” el efecto del uso de combustibles fósiles está poniendo una presión enorme a uno de los recursos más escasos, no renovables y perecederos del mundo: la disponibilidad de tierras agrícolas para la producción de alimentos, la fabricación de insumos y fertilizantes y lo que es más grave: la disponibilidad de agua. Y esta locura está afectando no sólo a la disponibilidad de alimentos sino que caen como daños colaterales una serie de industrias químicas y de producción de productos de consumo masivo a quienes las plantas químicas proveían antes de que se metieran en la locura de los biocombustibles.
Encontré éste artículo en el Wall Street Journal del pasado Viernes 13 de Junio, escrito por quien es el CEO de Nestlé. Está muy bien enfocado, por lo que me tomé la libertad de traducirlo para reproducirlo acá. (Nota legal: traducción no autorizada por el WSJ).
LOS BIOCOMBUSTIBLES NO TIENEN DEFENSA POSIBLE EN NUESTRO HAMBRIENTO MUNDO
Por Peter Brabeck-Letmathe
La crisis mundial agrícola y de agua va en camino de empeorar. A medida que la China e India crecen, sus poblaciones demandan más y mejores variedades de alimentos, y se intensifica la competencia en pos de tierra arable. Los alimentos se encarecen, en gran medida debido a que los proveedores de insumos agrícolas apenas y pueden mantener la demanda actual. Así que, ¿qué es lo que está haciendo el mundo? Reorientar la tierra disponible fuera de la producción de alimentos hacia la producción de plantas para cubrir las necesidades energéticas.
Este podría ser el más destructivo conjunto de errores políticos en toda una generación. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha tenido dificultades para producir la suficiente comida. Se han peleado guerras por el dominio sobre la tierra arable. Poblaciones enteras se han visto forzadas a migrar, y millones de seres humanos anónimos han muerto debido a que las circunstancias, el clima, las guerras o la ineptitud política los han privado de lo que en idioma alemán se conoce como “Lebensmittel” o en español, los “medios de supervivencia”. Este problema no ha desaparecido, nuestro mundo actual necesita alimentar a alrededor de seis billones de personas. De acuerdo a algunas proyecciones, para el año 2050, ese número habrá crecido hasta nueve billones.
Así que, ¿por qué introducir un nuevo competidor para un recurso tan escaso? La culpa cae rotundamente sobre los defensores del calentamiento global. A políticos, negocios y académicos les cuesta trabajo darse cuenta de ello. Pero ¿por qué? En el peor escenario, el impacto del calentamiento global se sentirá dentro de décadas, y nadie en ésta etapa puede predecir con ningún grado de confiabilidad cuáles serían sus consecuencias. ¿Hace sentido reducir el uso de combustibles fósiles? Sí, por muchas razones. ¿Estamos en lo correcto al manejar cuidadosa y responsablemente lo que queda de petróleo en el mundo? Y ¿serán los biocombustibles la solución a nuestros problemas?
Si tenemos una certeza, es ésta: La producción de biocombustibles ha estimulado una masiva y destructiva reorientación de los mercados agrícolas mundiales. El Departamento de Energía de los Estados Unidos calcula que por cada 10 000 litros de agua se produce tan poco como cinco litros de etanol, o de uno a dos litros de biodiésel. Los biocombustibles son un disparate económico, una inutilidad ecológica y son éticamente indefendibles. Este año, los Estados Unidos utilizarán alrededor de 130 millones de toneladas de maíz para la producción de biocombustibles. Este maíz no va a estar disponible como alimento humano, o como forraje para los animales. ¿Es ésta la estrategia correcta, tratándose de un producto que no satisfará ni siquiera un pequeño porcentaje de nuestras necesidades energéticas?
La locura de los biocombustibles está contribuyendo con la escasez de fuentes de agua que ya son endémicas. Extensiones del Río Grande, que parcialmente separa los EEUU de México, se han secado a intervalos regulares desde el 2001. El Río Amarillo de China se secó en 1972, en 1996 y en 1997.
Y lo que es aún peor, estamos sobre utilizando el agua subterránea en muchas partes del mundo. Los niveles de agua están disminuyendo rápidamente tanto en China como en el estado Indio de Punjab. Grandes acuíferos, ya sean en el Sahara o en la parte suroeste de los EEUU se están agotando, rápidamente. Esta es agua que data de miles de años atrás. Al igual que el petróleo, una vez que se acabe, la habremos perdido para siempre.
Incrementar la productividad agrícola es sólo parte de la solución. También es necesario promover el uso responsable del agua. Y la única manera de hacerlo es introducir precios competitivos. El agua se desperdicia y se mal usa porque sólo unas pocas personas están conscientes de su valor.
Hoy en día, el 94% del agua disponible se usa en agricultura – y debido a que no existen consecuencias económicas para el agricultor, casi toda el agua se subutiliza o se desperdicia. Lo mismo aplica en el agua utilizada en la industria y par a propósitos domésticos. El agua utilizada en las necesidades básicas debe por supuesto ser gratis. Pero no hay ninguna necesidad de subsidiar el agua para lavar el auto, para llenar una piscina o para mantener un campo de golf.
La locura de los biocombustibles, popularizada por los activistas del calentamiento global, ha ayudado a avivar una enorme crisis en la agricultura. Pero ésta crisis puede por lo menos mitigarse parcialmente a través de un mejor y más eficiente uso de los recursos que tenemos. En éste momento, el tema urgente es el agua, no el calentamiento global, y no podemos permitirnos ignorarlo por más tiempo.
El Sr. Brabeck-Letmathe es chairman de Nestlé.
El artículo original está aquí: Biofuels are indefensible in our hungry world.