En estos días las calles de Quito y Guayaquil han sido escenario de manifestaciones de vendedores ambulantes y trabajadores informales que reclaman su derecho de trabajar en el lugar que consideren conveniente.
¿Por qué ahora, si los municipios de ambas ciudades, en uso de sus atribuciones, han señalado los lugares en los que pueden hacerlo, sin interrumpir la libre movilización y sin atentar contra la higiene pública y ellos lo habían aceptado?
Porque, según se deduce de algunas declaraciones de sus líderes, entendieron que la Asamblea Constituyente los autoriza al plantear el reconocimiento y protección a su trabajo.
La propuesta del nuevo texto constitucional aprobada por la mesa 6, es la siguiente: “Se reconoce y protege el trabajo autónomo y por cuenta propia realizado en espacios públicos, permitidos por la ley y otras regulaciones. Se prohíbe toda forma de confiscación de sus productos, materiales o herramientas de trabajo”.
La Constitución de 1998, en su artículo 35, dice “El trabajo es un derecho y un deber social. “De manera que el trabajo, en general, está ya reconocido como un derecho.
El texto que se propone dice que se puede ejercer en espacios públicos, pero añade “permitidos por la ley y otras regulaciones”, esto es exactamente como ahora, puesto que las ordenanzas municipales son regulaciones.
El párrafo siguiente “prohíbe toda forma de confiscación de sus productos, materiales o herramientas de trabajo”, pero eso ya existe, porque el artículo 33 de la Constitución, dice textualmente: “Se prohíbe toda confiscación”, aunque si nos atenemos al significado de la palabra, no entendemos bien la prohibición, puesto que confiscar es: “Privar de sus bienes a un reo, o a un perseguido político y aplicarlos al fisco” y no parece adecuado llamar reo a un trabajador autónomo y por cuenta propia y tampoco, perseguido político.
¿Pero entonces qué es lo nuevo que produce las reacciones y agudiza conflictos que ya dejan un niño muerto?
La verdad es que lo único nuevo es introducir en la Constitución el reconocimiento y protección expresa a los llamados trabajadores informales, lo cual está bien. Significa, por otro lado, aceptar que somos un Estado y una sociedad que no proporciona empleo para todos, y que no lo haremos en mucho tiempo, puesto que una Constitución no es para el momento sino que se espera que sus artículos tengan larga vigencia y oportunidad.
Si no hay nada realmente diferente, ¿por qué las reacciones de los trabajadores? Difícil dar una respuesta, solo podemos preguntarnos: ¿se habrá originado por el tono que se empleó para anunciarlo como una conquista? ¿Eso tendrá que ver con las próximas elecciones municipales?
No lo sabemos, pero si así fuera, ¿eso no sería una utilización de quienes no tienen empleo y de su necesidad de conseguir dinero para subsistir?
Son solo preguntas, habrá otras. Busque usted su respuesta, amigo lector.
Fuente: eluniverso.com
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