Culpable hasta demostrar lo contrario

Mi sobrina de 13 años tuvo que sufrir una “revisión” de sus pertenencias en el colegio. Ella y todos sus compañeros tuvieron que pasar por eso. Hacía ya algunas semanas que había habido pequeños hurtos en su aula. El director del colegio les dijo que sólo quien era culpable se iba a sentir mal por la revisión y no lo iba a permitir. Que quienes no habían hecho nada, no tenían porqué temer. Mi sobrina, sabiéndose inocente y siendo inocente, dejó que revisaran sus cosas.

Una vez fui a un supermercado en el sur de la ciudad de Guayaquil. A la entrada, el guardia exigió que dejara mi cartera en custodia. Ante mi negativa a hacerlo, por el simple absurdo del hecho, me contestó que entonces iban a tener que revisarla a la salida, luego de hacer mis compras. Dí media vuelta y salí. Nunca más regresé.

En la puerta de un cementerio se pide identificación para autorizar el ingreso. Al aplicar a un trabajo se solicita un récord o pasado judicial. En muchas ciudades de países desarrollados y en desarrollo por igual, existen cámaras que filman minuciosamente todos nuestros pasos. La historia de un cheque rebotado hace años, o de la tardanza de dos o tres días para pagar el saldo de una tarjeta de crédito quedan grabados cual ADN en nuestro historial; así como también la garantía que otorgamos a un amigo cuando lo necesitó, y que por necesitado demoró en cumplir. Esto hace que nuestra vida financiera sea una pesadilla.

Indígenas se toman justicia por propia mano, sin mediar juicio alguno. A ninguno le importa que se trate de un posible inocente. Basta sólo un dedo señalante. Policías ignoran permisos de circulación con vidrios especiales, permisos no sólo otorgados por ellos mismos, sino que también cobraron en su momento por su concesión. Y permitimos que sin mediar citación alguna, otros policías, de otra jurisdicción, nos arranquen las películas protectoras de aquellos vidrios. El que proteste, va preso. Total, si somos personas respetables, no tenemos nada que ocultar.

Fuerzas militares nos detienen en cualquier momento para revisar nuestros autos. Probablemente muy pronto también lo hagan en nuestras casas, total si somos personas honorables, no tenemos nada que temer. La fuerza pública puede apresarnos en cualquier momento, luego nos tocará demostrar la inocencia. Las leyes dicen que somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario, pero en la realidad, la presunción de culpabilidad es la que prevalece. Costará dinero y sufrimiento lavar el buen nombre injustamente manchado.

Todas éstas escenas son comunes hoy en día. Permitimos que se atropellen nuestras libertades individuales en aras de un bien mayor, un bien común, que en realidad nadie identifica. Poco a poco, pero cada vez más, somos las personas que cumplimos las leyes las que más sufrimos así persecución. Y nos parece bien, “hay que parar la delincuencia” decimos. Pero sin embargo, y a pesar de todos éstos atropellos que ya nos parecen normales y “correctos”, los ladronzuelos descalzos y los rateros de corbata siguen sueltos y haciendo de las suyas. Somos nosotros los que sufrimos las consecuencias, pero nos parece bien, lo asumimos y aceptamos.

Total, sólo los que tienen algo oscuro, oculto o hurtado son los que no se dejan revisar.

Y yo me pregunto: ¿cuándo será que los culpables sean los que sufran las consecuencias de sus actos?

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5 comentarios to “Culpable hasta demostrar lo contrario”

  1. Mira que complicada es la vida que hasta la respuesta a tu pregunta es difícil y depende de un punto de vista: para algunos, los culpables de sus actos pagarán las consecuencias en cuánto mueran y ardan en el infierno, para otros, arderán luego del día del Juicio Final, y para otros, no lo harán nunca, ya que realmente su castigo será no tener la vida eterna.

    Porque pagar sus fechorias en esta vida lo veo bien, bien díficil, al menos con el sistema judicial que tenemos y que seguiremos teniendo por mucho tiempo. Y no creo que el asunto sea cambiar el sistema judicial, tenemos que tener un cambio de mentalidad y moralidad extremo. Y el Dr. 90210 no nos sirve en este caso.

    Aterricemos un poco el asunto: comparto contigo que tu sobrina tenía el derecho de no dejarse revisar la maleta (derecho amparado en la Constitución). Si es que todas las chicas hubieran actuado igual, el colegio se hubiera enfrentando al hecho de no poder establecer quién cometió el ilícito, la culpable hubiera podio seguir cometiendo sus “fechorías”, a sabiendas que tenía ese amparo. ¿Qué se podría hacer en este caso? ¿Qué es peor, que nos denigren con la inspección o que un culpable quede en la impunidad?

  2. >>Total, sólo los que tienen algo oscuro, oculto o hurtado son los que no se dejan revisar.
    Justicia Napoleonica huh…

    A mi nadie me obliga a nada… y mi PC desde hoy tiene clave, si no les gusta, sorry por ellos.

    Slds

  3. El colegio tenía otros métodos para identificar al responsable. Pasar por encima del derecho a la libertad de las personas es inadmisible, más aún tratándose de niños cuyo criterio está en formación.

    Poco a poco nos están acostumbrando (y ojo, que no me refiero exclusivamente al Ecuador) a que debemos renunciar a nuestra libertad, y a que se nos considere inocentes hasta que se demuestre lo contrario, todo en aras “de una mejor sociedad; de atrapar a los culpables”. No debe ser así. Esos son los métodos que aplican autoridades cómodas y ciudadanos permisivos.

    La libertad es el bien último, no debe cedérsela ante nadie, al menos no sin pelear!

  4. Me senti exactamente igual en un supermercado en Colombia. Los primeros días me sentía “asaltada” ante los guardias del súper por revisar mi bolso al igual que lo hacían con todos (solo lo revisaban a la entrada, por temor a que introduzcan bombas o armas). Al cabo de un mes, yo misma abría el bolso antes que me lo pidieran para que el mal rato durara lo menos posible.

    En el Ecuador no estamos acostumbrados a eso todavía, pero efectivamente aquí uno debe “demostrar su inocencia” y no su culpabilidad, ya que esto último se da por sentado y ocurre a todo nivel.

  5. Sí, en Colombia es así. Y es realmente bizarro llegar a un centro comercial en auto. Hay que abrir maletero y capot, y también revisan la parte inferior del carro con unos espejos gigantes. También me han revisado las bolsas de compras al salir de un supermercado (cuando viajo por trabajo visito muchos supermercados) y confrontado lo que hay en las bolsas con la factura. También me ha sucedido ésto en Buenos Aires, hace unos años. No es usual, pero sucede.

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