Todos somos víctimas de ellas. Todos los dias se recibe por lo menos una de ellas. Lo paradójico es que las envían nuestros propios amigos y familiares. Esos mismos a quienes les concedemos un mínimo de inteligencia, caen víctimas de la superstición. Tienen los más variopintos temas: “Oración por tu trabajo”, “La cadena de la Virgen, no la rompas!!!!” (y parece que mientras más signos de admiración, mejor funcionan), “Si me amas, no te dará verguenza reenviarme”. Todas las cadenas son perniciosas, pero definitivamente las más efectivas, que continúan circulando a pesar del tiempo, son las que apelan al miedo y la superstición de la gente, las cadenas religiosas.
No, te lo aseguro, no perderás tu trabajo si no reenvías el mail a todos tus conocidos (más bien te quedarás sin trabajo si sigues perdiendo el tiempo); no demostrarás tu amor a Jesús enviando una nota a 10 personas, ni te caerán todos los males si no haces que San Judas Tadeo dé una vez más la vuelta al mundo. Nada de eso ocurrirá. Lo único que pasará es que tendrás 10 o más amigos francamente fastidiados contigo, y si tan religioso eres, pues date cuenta de que al continuar la cadena estás incurriendo en pecado mortal en contra del Primer Mandamiento.
¡Paren las cadenas!

