El control de precios es un tema que está a la orden del día. Personalmente, oía razones de unos y otros diciendo porqué era “bueno” o porqué era “malo”. No me quedaba claro. Hoy investigué un poco. Este artículo, de entre los muchos que encontré, me ayudó a formarme una opinión, aunque en las líneas iniciales se hace referencia a los precios de la gasolina en USA, el contenido es aplicable a cualquier mercado en el que se tenga intención de instaurar políticas de control de precios. Me tomé la libertad de traducirlo, ahí les va:
Cuatro Mil Años de Control de Precios
Por: Thomas DiLorenzo
Fecha publicación: 10/11/2005
En los mercados energéticos se ha permitido que la oferta y la demanda trabajen –por lo menos de manera limitada- dando como resultado las altas y bajas en los precios de la gasolina. La fuerte demanda junto a las restricciones reguladas de oferta, que se vieron afectadas aún más por algunos huracanes, fueron la causa de que los precios de la gasolina subieran. A medida que se repararon las refinerías dañadas por los huracanes, los precios de la gasolina empezaron a caer.
No ha habido una escasez significativa, gracias a la ausencia de controles de precios, pero el Congreso trabaja diligentemente en ponerle fin a ello. Bajo la presión del público ignorante en materia económica, el Congreso mantuvo recientemente una de sus Grandes Inquisiciones periódicas con las compañías petroleras para exigirles una respuesta a la pregunta: “¿Cómo se atreven a obtener ganancias del sistema de libre empresa Norteamericano?”
Las acusaciones de “manipulación de precios” – por ej. permitir que las fuerzas del mercado fijen los precios – abundan, así como las peticiones de control de precios. No siempre se las llama “control de precios”, a veces se usa también algún hábil eufemismo, como “legislación anti-manipulación de precios”. Pero es lo mismo.
Las razones contra el control de precios no son puramente académicas, restringidas a los textos de economía. Existe un registro histórico de cuatro mil años de catástrofes económicas causadas por el control de precios. Este registro está parcialmente documentado en un excelente libro titulado “Forty Centuries of Wage and Price Controls” de Robert Shuettinger y Eamon Butler, publicado por primera vez en 1979.
Los autores comienzan por citar a Jean-Philippe Levy, autor de “La Vida Económica de un Mundo Antiguo”, diciendo que en Egipto durante la Tercera Centuria a.C. ”había una real omnipresencia del estado” en la regulación de la producción y distribución de granos. ”Todos los precios se fijaban, a todo nivel”. Este “control tomó proporciones escalofriantes. Había todo un ejército de inspectores”.
Los agricultores egipcios se enfurecieron tanto con los inspectores de control de precios que muchos de ellos simplemente dejaron sus granjas. Hacia el final del siglo, “la economía egipcia colapsó, así como también su estabilidad política”.
En Babilonia, hace alrededor de 4000 años el Código de Hamurabi era un laberinto de regulaciones en control de precios. “Si un hombre contrata un trabajador del campo, debe darle ocho gurs de maíz por año”; “si un hombre contrata un cuidador para su ganado, debe darle seis gurs de maíz al año”; “si un hombre contrata un bote de seis toneladas, debe darle la sexta parte de un shekel de plata por día”. Y así sucesivamente. Tales leyes “asfixiaron el progreso económico en el imperio por muchos siglos”, tal como describe el registro histórico. Una vez que se dejaron de lado éstas leyes “hubo un notable cambio en la fortuna de la gente”.
La Grecia antigua también impuso controles de precio sobre el grano y estableció “un ejército de inspectores de granos, contratados con el propósito de establecer el precio del grano a un nivel que el gobierno Ateniano consideraba justo”. Los controles de precio griegos inevitablemente resultaban en escasez de grano, pero los empresarios antiguos salvaron a miles de la hambruna evadiendo éstas leyes injustas. A pesar de la imposición de la pena de muerte por evadir las leyes de control de precio griegas, las mismas “eran casi imposibles de hacer cumplir”. La escasez producida por las leyes de control de precios crearon oportunidades de negocio en el mercado negro, para gran beneficio del público.
En el 284 D.C. el emperador romano Dioclecianio creó inflación al poner demasiado dinero en circulación, y luego “fijar los precios máximos a los que la carne, el grano, los huevos, la ropa y otros artículos podían ser vendidos, y prescribió la pena de muerte para cualquiera que pusiera sus artículos a un precio más alto”. Los resultados, tal como explican Shuettinger y Butler citando a un antiguo historiador, fueron que “la gente ya no llevaba sus artículos a los mercados, ya que no obtenían un precio razonable por ellos y esto incrementaba tanto la escasez, que finalmente luego de que muchos murieran por ésta causa, la ley en sí fue dejada de lado”.
Ya más cerca de los tiempos modernos, el ejército revolucionario de George Washington casi murió de hambre en el campo de batalla gracias a los controles de precios de alimentos que fueron impuestos en Pensilvania y otros gobiernos coloniales. Específicamente Pensilvania impuso controles de precio en “aquellas mercaderías necesitadas por el ejército”, creando una escasez desastrosa de todo aquello que necesitaba el ejército. El Congreso Continental sabiamente adoptó una resolución anti-control de precios el 4 de Junio de 1778, que decía: “Por experiencia se ha encontrado que las limitaciones en los precios de las mercancías no sólo que son inefectivas para el propósito propuesto, sino que además producen muy malignos resultados — se resuelve, que se recomendará a los diferentes estados que se revoquen o suspendan todas las leyes que limiten, regulen o restrinjan el Precio de cualquier Artículo”. Y, escriben Shuettinger y Butler, “para el otoño de 1778 el ejército estaba bastante bien provisto como resultado directo de éste cambio en la ley”.
Los políticos franceses repitieron los mismos errores luego de su revolución, emitiendo la “Ley del Máximo” en 1793, que impuso primero controles de precios al grano, y luego a una larga lista de otros ítems. De manera predecible, “en algunos pueblos [franceses], la gente estaba tan mal, que colapsaban en las calles por falta de alimento.” Una delegación de varias provincias escribió al gobierno en París que antes de la nueva ley de control de precios, “nuestros mercados tenían provisión, pero tan pronto como se fijó el precio del trigo y del centeno, ya no se vio esos granos. Los otros que no están sujetos al máximo eran los únicos que eran traídos al mercado”. El gobierno francés fue forzado a abolir su nefasta ley de control de precios luego de que literalmente murieran miles. Cuando Robespierre era llevado por las calles de París camino a su ejecución, las masas gritaban “Ahí va el sucio Máximo”. Si sólo nuestros políticos contemporáneos aprendieran de éstas lecciones.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, los planificadores centrales norteamericanos fueron aún más totalitarios en materia de política económica que los Nazis. Durante la ocupación post guerra de Alemania, a los “planificadores” norteamericanos les gustaron los controles económicos Nazis, incluyendo aquellos que controlaban precios, que de hecho eran los que impedían la recuperación económica. ¡Incluso Hermann Goering, figura importante dentro del Nazismo, dio lecciones al respecto al corresponsal de guerra Henry Taylor! Como lo recogen Shuettinger y Butler, Goering dijo:
Su América está haciendo muchas cosas en materia económica que a nuestro criterio es lo que les ha causado tantos problemas. Ustedes están tratando de controlar los precios y los salarios de las personas – el trabajo de la gente. Si lo hacen, deben controlar también la vida de las personas. Y ningún país puede hacer eso sólo parcialmente. Yo traté y fallé. Tampoco puede un país hacer todo lo contrario. Yo también traté eso y también falló. Ustedes no son mejores planificadores de lo que somos nosotros. Yo pensaría que sus economistas harían una lectura de lo que sucedió aquí.
Los controles de precios finalmente terminaron en Alemania en 1948, en manos del Ministro de Economía Ludwig Erhard, un domingo, cuando las autoridades de ocupación norteamericanas estaban fuera de sus oficinas y no tenían medios para detenerlo. Esto dio paso al “milagro económico alemán”.
Los controles de precio fueron la causa de la “crisis energética” de los años 70 y de la crisis energética de California de los 90 (sólo se desregularizó el precio base de la electricidad; se impusieron controles en los precios finales). Durante más de cuatro mil años, dictadores, déspotas y políticos de todas las especies han visto a los controles de precios como la mejor promesa de “algo a cambio de nada” frente al público. Con el movimiento de una mano, o la rúbrica de una pluma legislativa, prometen hacer que todo sea más barato. Y por más de cuatro mil años, los resultados han sido exactamente los mismos: escasez, algunas veces de consecuencias catastróficas; deterioro en la calidad de los productos; proliferación de mercados negros en los que los precios son más altos de lo que deberían y la bribonería rampante; destrucción de la capacidad productiva de un país en aquellas industrias en las que los precios son controlados; grandes distorsiones en los mercados; creación de opresivas y tiránicas burocracias para el control de precios; y una peligrosa concentración de poder político en las manos de los controladores de esos precios.
Esto es lo que aquellos económicamente ignorantes de entre el público norteamericano clama que haga el Congreso en relación a la industria energética de hoy. Esperemos que las recientes audiencias del Congreso en materia de precios de gasolina sean nada más otro espectáculo de relaciones públicas.
Thomas DiLorenzo es miembro senior de la facultad de la Universidad Mises y profesor de economía del Loyola Collage en Maryland. Es el autor de “How Capitalism Saved America” (Crown Forum/Random House, 2004), por el que ganó el Premio Smith.
Antigua medida mesopotámica. 1 gur = 18 metros cúbicos
Fuente: Mises Institute: Four Thousand Years of Price Control