Archivos para julio, 2007

julio 28, 2007

Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte disponible en Internet

Sí, como lo leen, travesura realizada.  La traducción completa al español del libro 7 de Harry Potter: HP and The Deathly Hallows está ya disponible en Internet, para descarga o para lectura.  Dos equipos de traductores aparentemente quisieron ‘castigar’ a las editoriales Scholastic y Salamandra por no lanzar al mercado la versión en español del libro en simultáneo con la versión en inglés.  Tradujeron el libro en tiempo récord (menos de una semana) y lo pusieron a disposición del mundo en Internet, sin fines de lucro.  Y lo de sin fines de lucro es lo clave aquí, porque Salamandra alguna vez dijo que sólo castigarían por via legal a quienes lo hicieran para beneficio propio.

Quise resistirme, ser purista y esperar pacientemente a que me llegue mi copia, pero no pude.  Sí, es un fastidio leer en línea y la versión disponible para bajar tiene muchos errores, pero la curiosidad pudo más.

Si quieren hacer lo mismo vayan aquí:

Versión pdf disponible para bajar (baja calidad de traducción y continuidad, al menos por el momento): Spanish Hallows

Versión en línea (mejor calidad de traducción y continuidad, aún sin versión pdf): Proyecto DH

Actualización 2007.08.07: Harry Potter and the Deathly Hallows, la versión original en Inglés la pueden bajar aquí

julio 27, 2007

El Pelucón del Mar

Hong Kong mantiene alrededor del 50% del comercio mundial de aletas de tiburón.  En el este asiático, las aletas se destinan casi totalmente a la preparación de la Sopa de Aleta de Tiburón, alimento que históricamente tiene el status de ‘comida de élite’ en aquella zona del mundo, pero cuya demanda es tal, que casi puede considerársela ya como un plato estándar.

La aleta del tiburón, una vez ‘cosechada’ del mar, se pone a secar y se vende en frascos de 1 lb como mínimo.  En mercados internacionales, ésta sóla libra de materia seca (que son aproximadamente 8 aletas) pueden llegar a costar hasta 500 dólares.  Las aletas, que son básicamente fibra y cartílago, tienen que ser sometidas a cocción lenta y larga, para que se separen en una especie de agujas de cartílago, que se asemejan a fideos claros.  La aleta no tiene sabor, por lo que tiene que ser servida en una sopa de pollo.  Se supone que la textura final es ‘interesante’. 

Sin base en estudio científico alguno, la medicina tradicional china considera que la sopa de aleta de tiburón es un ‘tónico’.  Favorece, supuestamente, el fortalecimiento de la cintura, suplementa ‘energía vital’, ‘alimenta la sangre’, revigoriza los riñones y pulmones y mejora la digestión.  Los nutricionistas modernos encuentran que es rica en proteína, y la gran cantidad de gelatina que contiene puede contribuir con el crecimiento de los cartílagos.  Pero bajo la estricta lupa científica, tiene un muy bajo valor nutricional, y de hecho, puede ser perjudicial para la salud en el mediano y largo plazo, ya que el tiburón, al ser un pez de mar abierto, tiene un alto contenido de mercurio, que tiene tendencia a almacenarse, precisamente, en la aleta.

A la pesca de tiburón que se dedica sólo a ‘cosechar’ aletas se la conoce como Finning.  Generalmente se atrapa el tiburón, y estando aún con vida, se procede a cortar sus aletas; el cuerpo, en la mayoría de los casos, aún con vida, es devuelto al mar.  El tiburón, a diferencia de otros peces, depende del movimiento hacia adelante para obtener oxígeno.  Generalmente, estos tiburones mueren ahogados, o si corren con suerte, sufren una muerte un poco más rápida por desangre.  En todo caso, mueren en lenta caída hacia el fondo del mar.

Por estadísticas de los Estados Unidos, el 50% de los tiburones proviene de pesca incidental: son recogidos del mar junto al cardúmen de peces comestibles.  Los tiburones, que están al tope de la pirámide alimenticia de la vida marina, generalmente son animales solitarios y rara vez se los ve cazar en manadas de dos o más animales.  Se considera que los barcos de pesca prefieren colectar las aletas solamente porque son más fáciles de esconder y, ya que el consumo es de la aleta seca, se puede almacenar más en las bodegas.   Esta pesca incidental en el Ecuador, por obra y gracia de un decreto presidencial aún no publicado en el Registro Oficial (desde cuya fecha de publicación es considerado recién vigente y legal) se ha visto incrementada a niveles enormes sólo en apenas unos pocos días desde permiso verbal presidencial.

El presidente Correa, que basó su campaña bajo el amparo del ecológico y conservacionista color verde ha probado ser, en apenas seis meses de mandato, el peor enemigo de la ecología ecuatoriana.  El mismo presidente que en sus primeros dias hizo alarde de ‘no firmar el TLC con USA para ‘salvaguardar el patrimonio ecuatoriano en biodiversidad’ o que quiere demandar a Colombia ante tribunales internacionales por los ‘daños ecológicos del glifosato’, ahora no sólo que no le parece mal la explotación petrolera en el Yasuní, la sobre explotación turística de Galápagos, sino que da un manto de protección legal a quienes atenten con el equilibrio ecológico marítimo.

Nada, es que como dijo, el presidente está en campaña permanente, y por no votar, los tiburones están en desventaja.

julio 26, 2007

Cuando la muerte maúlla

El gato Oscar, adoptado en un hospicio norteamericano en Providence, RI, cuando era un cachorro, parece tener la particular habilidad de “predecir” la muerte.  Oscar suele acurrucarse cerca de las camas de los pacientes alrededor de cuatro horas antes de que ocurra el fallecimiento, por lo que los empleados del hospicio han adoptado la costumbre de llamar a los familiares involucrados apenas observan éste particular comportamiento en el felino.   Uno de los médicos del establecimiento, el Dr. David Dosa ha estado observándolo durante los 2 años que Oscar ha pasado e el hospicio.  Tiene un record de aciertos de casi el 100%.  Ha hecho compañía a quienes de otra forma hubiesen muerto en soledad, y ha brindado consuelo, y permitido que alcancen a decir adiós, a las familias de los asilados.  Hasta el momento, Oscar ha predicho alrededor de 25 muertes. 

julio 24, 2007

El control de precios

El control de precios es un tema que está a la orden del día.  Personalmente, oía razones de unos y otros diciendo porqué era “bueno” o porqué era “malo”.  No me quedaba claro.  Hoy investigué un poco.  Este artículo, de entre los muchos que encontré, me ayudó a formarme una opinión, aunque en las líneas iniciales se hace referencia a los precios de la gasolina en USA, el contenido es aplicable a cualquier mercado en el que se tenga intención de instaurar políticas de control de precios.   Me tomé la libertad de traducirlo, ahí les va:

Cuatro Mil Años de Control de Precios

Por: Thomas DiLorenzo

Fecha publicación: 10/11/2005 

En los mercados energéticos se ha permitido que la oferta y la demanda trabajen –por lo menos de manera limitada- dando como resultado las altas y bajas en los precios de la gasolina. La fuerte demanda junto a las restricciones reguladas de oferta, que se vieron afectadas aún más por algunos huracanes, fueron la causa de que los precios de la gasolina subieran. A medida que se repararon las refinerías dañadas por los huracanes, los precios de la gasolina empezaron a caer.

No ha habido una escasez significativa, gracias a la ausencia de controles de precios, pero el Congreso trabaja diligentemente en ponerle fin a ello. Bajo la presión del público ignorante en materia económica, el Congreso mantuvo recientemente una de sus Grandes Inquisiciones periódicas con las compañías petroleras para exigirles una respuesta a la pregunta: “¿Cómo se atreven a obtener ganancias del sistema de libre empresa Norteamericano?”

Las acusaciones de “manipulación de precios” – por ej. permitir que las fuerzas del mercado fijen los precios – abundan, así como las peticiones de control de precios. No siempre se las llama “control de precios”, a veces se usa también algún hábil eufemismo, como “legislación anti-manipulación de precios”. Pero es lo mismo.

Las razones contra el control de precios no son puramente académicas, restringidas a los textos de economía. Existe un registro histórico de cuatro mil años de catástrofes económicas causadas por el control de precios. Este registro está parcialmente documentado en un excelente libro titulado “Forty Centuries of Wage and Price Controls” de Robert Shuettinger y Eamon Butler, publicado por primera vez en 1979.

Los autores comienzan por citar a Jean-Philippe Levy, autor de “La Vida Económica de un Mundo Antiguo”, diciendo que en Egipto durante la Tercera Centuria a.C. ”había una real omnipresencia del estado” en la regulación de la producción y distribución de granos. ”Todos los precios se fijaban, a todo nivel”. Este “control tomó proporciones escalofriantes. Había todo un ejército de inspectores”.

Los agricultores egipcios se enfurecieron tanto con los inspectores de control de precios que muchos de ellos simplemente dejaron sus granjas. Hacia el final del siglo, “la economía egipcia colapsó, así como también su estabilidad política”.

En Babilonia, hace alrededor de 4000 años el Código de Hamurabi era un laberinto de regulaciones en control de precios. “Si un hombre contrata un trabajador del campo, debe darle ocho gurs[1] de maíz por año”; “si un hombre contrata un cuidador para su ganado, debe darle seis gurs de maíz al año”; “si un hombre contrata un bote de seis toneladas, debe darle la sexta parte de un shekel[2] de plata por día”. Y así sucesivamente. Tales leyes “asfixiaron el progreso económico en el imperio por muchos siglos”, tal como describe el registro histórico. Una vez que se dejaron de lado éstas leyes “hubo un notable cambio en la fortuna de la gente”.

La Grecia antigua también impuso controles de precio sobre el grano y estableció “un ejército de inspectores de granos, contratados con el propósito de establecer el precio del grano a un nivel que el gobierno Ateniano consideraba justo”. Los controles de precio griegos inevitablemente resultaban en escasez de grano, pero los empresarios antiguos salvaron a miles de la hambruna evadiendo éstas leyes injustas. A pesar de la imposición de la pena de muerte por evadir las leyes de control de precio griegas, las mismas “eran casi imposibles de hacer cumplir”. La escasez producida por las leyes de control de precios crearon oportunidades de negocio en el mercado negro, para gran beneficio del público.

En el 284 D.C. el emperador romano Dioclecianio creó inflación al poner demasiado dinero en circulación, y luego “fijar los precios máximos a los que la carne, el grano, los huevos, la ropa y otros artículos podían ser vendidos, y prescribió la pena de muerte para cualquiera que pusiera sus artículos a un precio más alto”. Los resultados, tal como explican Shuettinger y Butler citando a un antiguo historiador, fueron que “la gente ya no llevaba sus artículos a los mercados, ya que no obtenían un precio razonable por ellos y esto incrementaba tanto la escasez, que finalmente luego de que muchos murieran por ésta causa, la ley en sí fue dejada de lado”.

Ya más cerca de los tiempos modernos, el ejército revolucionario de George Washington casi murió de hambre en el campo de batalla gracias a los controles de precios de alimentos que fueron impuestos en Pensilvania y otros gobiernos coloniales. Específicamente Pensilvania impuso controles de precio en “aquellas mercaderías necesitadas por el ejército”, creando una escasez desastrosa de todo aquello que necesitaba el ejército. El Congreso Continental sabiamente adoptó una resolución anti-control de precios el 4 de Junio de 1778, que decía: “Por experiencia se ha encontrado que las limitaciones en los precios de las mercancías no sólo que son inefectivas para el propósito propuesto, sino que además producen muy malignos resultados — se resuelve, que se recomendará a los diferentes estados que se revoquen o suspendan todas las leyes que limiten, regulen o restrinjan el Precio de cualquier Artículo”. Y, escriben Shuettinger y Butler, “para el otoño de 1778 el ejército estaba bastante bien provisto como resultado directo de éste cambio en la ley”.

Los políticos franceses repitieron los mismos errores luego de su revolución, emitiendo la “Ley del Máximo” en 1793, que impuso primero controles de precios al grano, y luego a una larga lista de otros ítems. De manera predecible, “en algunos pueblos [franceses], la gente estaba tan mal, que colapsaban en las calles por falta de alimento.” Una delegación de varias provincias escribió al gobierno en París que antes de la nueva ley de control de precios, “nuestros mercados tenían provisión, pero tan pronto como se fijó el precio del trigo y del centeno, ya no se vio esos granos. Los otros que no están sujetos al máximo eran los únicos que eran traídos al mercado”. El gobierno francés fue forzado a abolir su nefasta ley de control de precios luego de que literalmente murieran miles. Cuando Robespierre era llevado por las calles de París camino a su ejecución, las masas gritaban “Ahí va el sucio Máximo”. Si sólo nuestros políticos contemporáneos aprendieran de éstas lecciones.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los planificadores centrales norteamericanos fueron aún más totalitarios en materia de política económica que los Nazis. Durante la ocupación post guerra de Alemania, a los “planificadores” norteamericanos les gustaron los controles económicos Nazis, incluyendo aquellos que controlaban precios, que de hecho eran los que impedían la recuperación económica. ¡Incluso Hermann Goering, figura importante dentro del Nazismo, dio lecciones al respecto al corresponsal de guerra Henry Taylor! Como lo recogen Shuettinger y Butler, Goering dijo:

Su América está haciendo muchas cosas en materia económica que a nuestro criterio es lo que les ha causado tantos problemas. Ustedes están tratando de controlar los precios y los salarios de las personas – el trabajo de la gente. Si lo hacen, deben controlar también la vida de las personas. Y ningún país puede hacer eso sólo parcialmente. Yo traté y fallé. Tampoco puede un país hacer todo lo contrario. Yo también traté eso y también falló. Ustedes no son mejores planificadores de lo que somos nosotros.  Yo pensaría que sus economistas harían una lectura de lo que sucedió aquí.

Los controles de precios finalmente terminaron en Alemania en 1948, en manos del Ministro de Economía Ludwig Erhard, un domingo, cuando las autoridades de ocupación norteamericanas estaban fuera de sus oficinas y no tenían medios para detenerlo. Esto dio paso al “milagro económico alemán”.

Los controles de precio fueron la causa de la “crisis energética” de los años 70 y de la crisis energética de California de los 90 (sólo se desregularizó el precio base de la electricidad; se impusieron controles en los precios finales). Durante más de cuatro mil años, dictadores, déspotas y políticos de todas las especies han visto a los controles de precios como la mejor promesa de “algo a cambio de nada”  frente al público. Con el movimiento de una mano, o la rúbrica de una pluma legislativa, prometen hacer que todo sea más barato. Y por más de cuatro mil años, los resultados han sido exactamente los mismos: escasez, algunas veces de consecuencias catastróficas; deterioro en la calidad de los productos; proliferación de mercados negros en los que los precios son más altos de lo que deberían y la bribonería rampante; destrucción de la capacidad productiva de un país en aquellas industrias en las que los precios son controlados; grandes distorsiones en los mercados; creación de opresivas y tiránicas burocracias para el control de precios; y una peligrosa concentración de poder político en las manos de los controladores de esos precios.

Esto es lo que aquellos económicamente ignorantes de entre el público norteamericano clama que haga el Congreso en relación a la industria energética de hoy. Esperemos que las recientes audiencias del Congreso en materia de precios de gasolina sean nada más otro espectáculo de relaciones públicas.


Thomas DiLorenzo es miembro senior de la facultad de la Universidad Mises y profesor de economía del Loyola Collage en Maryland. Es el autor de “How Capitalism Saved America” (Crown Forum/Random House, 2004), por el que ganó el Premio Smith.


[1] Antigua medida mesopotámica. 1 gur = 18 metros cúbicos

[2] 1 shekel = 8.3 gramos

Fuente: Mises Institute:  Four Thousand Years of Price Control

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