Cuenta ya la leyenda, que una de las herramientas de motivación que utilizó Luis Fernando Suárez para cambiar la mentalidad de la Selección ecuatoriana, es la fábula de la vaca; esa que nos ha llegado ya mil y una veces como spam. Si la historia fuese cierta, y si en realidad los jugadores ecuatorianos decidieron deshacerse de sus miedos y temores al cambio, ¿porqué como país no nos decidimos a hacer lo mismo? No es cuestión de “unirnos”, “hacer fuerza”, no; no es solamente eso, es cuestión de enterrar nuestros temores ancestrales, nuestra mediocridad colectiva, ese pensar que yo, porque soy el que más grito, y el que más multitud obligo a lanzar piedras, tengo la razón.
¿Qué tal si matamos nuestra vaca ancestral, y si, al menos para darle una oportunidad al cambio le decimos sí al TLC? ¿Sí a la descentralización? ¿Sí a las privatizaciones de servicios públicos ineficientes, entre otras muchas cosas?
Las evidencias muestran que, en la práctica, los ecuatorianos prefieren poner en peligro su vida y emigrar a países donde se respeta y promueve la iniciativa privada, donde el estado central tiene un mínimo de injerencia sobre las iniciativas individuales, donde labrarse un futuro de seguridad y a veces, hasta abundancia, es auspiciado y respetado.
¿Se atreverían a matar nuestra vaca colectiva?

